dios esta con nosotros

Tuve el privilegio de crecer en un hogar piadoso con padres que amaban al Señor y colocaban su voluntad por encima de todo. Mi padre se convirtió en esa epístola viviente que leí todos los días de mi vida. Su vida fue de consistencia, no de contradicción.

Mis padres no practicaban la religión, y creo que muy pocos de nuestros vecinos la profesaban. Muy rara vez escuché un sermón del Evangelio de persona alguna, a no ser que fuera de un ministro itinerante, o de algún incipiente predicador ignorante que de vez en cuando podían encontrarse por esas tierras. Recuerdo muy bien que la ignorancia de aquellos predicadores que escuché–cuando llegaba a escuchar a alguno- -era tan grande que la gente del pueblo volvía de las reuniones para pasar largo rato en risa incontenible, en vista de los extraños errores y los grandes absurdos que habían escuchado.

El Espiritu Santo no pasa a través de métodos sino de hombres; no desciende sobre la maquinaria; no unge los planes sino a los hombres – a los hombres de oración-.

» NUNCA ESTAMOS TAN ALTOS, COMO CUANDO ESTAMOS DE RODILLAS «

No es exagerado decir que todo crecimiento verdadero en la vida espiritual -toda victoria sobre la tentación, toda confianza y paz en presencia de dificultades y peligros, todo sosiego del espíritu en épocas de contrariedades y pérdidas, toda la comunión cotidiana con Dios, todo ello depende de la práctica de la oración privada.

Este pequeño volumen de extractos de la vida de David Brainerd ha sido preparado para presentar algunos de los pasajes que se refieren a su intensa y poderosa oración, dentro del alcance de todos los cristianos.

¡Cuántos creyentes se contentan con solamente escapar de la perdición! ¡Cuántos ignoran «la abundancia de la bendición del evangelio de Cristo»!

Un día, a pesar de ser un ateo convencido, ore a Dios. Más o menos mi oración fue así: “Dios tengo el convencimiento absoluto que Tu no
existes, pero por si acaso existieras, cosa que dudo, no es deber creer
en Ti, pero si es Tu obligación revelarte a mí”. Sí, yo era ateo, pero eso no traía paz a mi corazón.

Si sólo pudiera hacer que los hombres entendieran el significado real de las palabras del apóstol Juan: DIOS ES AMOR; (1 Juan 4:8) tomaría ese solo texto, e iría por todo el mundo proclamando esta gloriosa verdad.

Si me es menester predicar el Evangelio, no podré hacer
uso sino de mi propia voz. y por tanto, debo educar mis órganos vocales. No puedo pensar sino con mi propio cerebro, ni sentir sino con mi propio corazón, y en consecuencia, debo cultivar mis facultades intelectuales y emocionales.