Estoy convencido de que el consejo que tradicionalmente se ofrece a
las victimas de la infidelidad y otras violaciones de la confianza ha sido con frecuencia nada biblico y más bien destructivo.

Nunca ceso de asombrarme al mirar el rostro inocente de un niño. Cuando Dios nos los concede, ellos son como un papel en blanco; limpios, puros y listos para recibir lo que deseamos grabar en ellos. Ellos confían en nosotros, nos abren el corazón y reciben lo que les damos, sea bueno o sea malo. Señor, ¡enséñanos cómo guiarlos e instruirlos!

¡ Hermoso libro ! lleno de principios divinos, para el matrimonio y la Familia, ampliamente recomendado.